noelcjr@hotmail.com
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Ante el debilitamiento de la izquierda violenta, es hora que enfilemos nuestras baterías en dirección del próximo enemigo del desarrollo económico y del bienestar de los colombianos y latinoamericanos en general: el progresismo.
Hay diferentes gamas de progresismo que pueden variar de país en país y entre los diferentes partidos políticos que adoptan esta palabra en su denominación política, de acuerdo a su conveniencia. El progresismo al que me refiero es la misma izquierda mamerta que en Colombia se identifica mejor con El Polo Democrático y son más radicales que el centro-izquierda liberal tradicional. Solo me refiero exclusivamente a algunos de los aspectos más comunes que la distinguen: impuestos más altos, demonización del sector privado y productivo, sindicalismo y protección sospechosa del medio ambiente.
Hay que aclarar algo, el progreso es generado por el sector productivo y no por quienes dependen de las contribuciones de estos al fisco en forma de impuestos. Independiente del uso original de la palabra progresismo, que es tan difícil de rastrear como lo es su definición, la palabra progreso parece haber sido enajenada, o degenerada, para derivar el concepto de progresismo con intenciones de hacerla parecer una postura que genera progreso, bienestar.
En realidad, donde el progresismo ha cundido, el deterioro económico ha sido más notorio. Generalmente las víctimas son Estados ricos, vacas gordas, que cuando son pringados de progresismo tienden a parecer anémicos, estancados, decadentes, con alto desempleo, costo de vida y estimulando el éxodo de su clase productiva y calificada a Estados no progresistas.
Hay quienes creen que descalificar el progresismo usando como ejemplos Estados diferentes a Colombia es una extensión de una analogía que difícilmente se ajustaría a nuestra realidad. Las diferencias son muchas, mas en ausencia de otras guías para juzgar el progresismo ¿deberíamos simplemente creer la opinión de quienes defienden o se oponen al progresismo? ¿Deberíamos no preocuparnos por lo que pasa en Venezuela (un país todavía más a la izquierda que el progresismo) simplemente porque Colombia no es Venezuela? Estados Unidos es un país muy grande y difícil de comparar con Colombia, pero sus estados son laboratorios más pequeños de políticas económicas que pueden ser usadas, y comparadas con Colombia, solo para darnos una idea más informada de que es lo mejor para nuestro país. Seria intelectualmente arrogante ignorar las experiencias de estos estados y repetir sus errores, o un lujo no emular sus aciertos.
Las políticas que definen al progresismo están conectadas indirectamente y su único propósito parece ser beneficiar a quienes no generan riqueza en detrimento de quienes la generan, ricos contra pobres, con el efecto segundario de beneficiar a los políticos simpatizantes con su elección. Bajo el progresismo se asocia alza de impuestos, desempleo, déficits, sindicatos y odio a las corporaciones.
Una de las falencias del progresismo es que creen que con subir impuestos generan más recursos. Tapar los déficits fiscales con más impuestos generalmente los agranda pues quienes pagan más impuestos no se quedan estáticos y tienden a mudarse a Estados donde los impuestos son más bajos. Al subir impuestos, los empresarios no solo huyen dejando edificios vacíos, desempleo y pobreza sino que también desincentiva a quienes quieren invertir y dejan de venir. Los altos impuestos en Nueva Jersey y Nueva York han hecho que muchos creadores de nuevas empresas y empleos se establezcan en estados como Texas.
El progresismo tiene una influencia muy fuerte en el conflicto creciente entre sectores privados (productivos) y públicos (dependientes) en países desarrollados. Esto se ha visto en la asociación de políticos progresistas con sindicatos estatales y privados. Su objetivo es saquear las arcas del Estado con beneficios y sueldos que en promedio ya superan a los del sector privado y causan déficits fiscales. Cuando se nacionalizó General Motors al principio de la administración de Obama, los sindicatos recibieron una porción de la empresa como pago a costas de los accionistas. Fue una burda transferencia de riquezas que en práctica no se diferencia a las expropiaciones en Cuba y Venezuela.
Los progresistas desconfían, o no gustan, de las corporaciones. Esto pude ser un resultado directo de su concubinato con el sector público y sindical. Es por eso que el progresismo más parece una regresión; se retrocede cuando el sector privado que paga los recibos de las cuentas y generan riqueza se le pone una carga tributaria excesiva con impuestos más altos.
De alguna forma estas empresas privadas terminan siendo vistas como malas, probablemente con ayuda de escándalos mediáticos en contra de unas pocas manzanas malas. En los Estados Unidos, el 2% de la población paga aproximadamente el 80% de las entradas por impuestos. A pesar de esto la clase rica tiende a ser demonizada. A esta demonización se le unen ricos privilegiados como George Soros y el padre de Bill Gates. A estas personas no les importaría pagar hasta un 90% de impuestos pues sus entradas son tan altas que inclusive vivirían como ricos con lo que les sobre. No es el caso de empresarios pequeños que aunque pueden llegar a ganar 200 mil dólares al año, nunca están muy lejos de una quiebra total por el costo de la nomina que los puede hundir durante bajones prolongados en ciclos económicos. Mas lo progresistas poco saben de ciclos económicos pues los cheques del estado siempre llegan puntuales.
Es por esto que impuestos más altos son un factor muy importante para empresarios pequeños y emergentes en sus aspiraciones a sobrevivir recesiones. Los empresarios pequeños son uno de los mayores generadores nuevos empleos. Esto conecta impuestos y desempleo; a estas dos se les puede asociar las políticas ambientalistas de los progresistas. Recientemente en California hubo una propuesta electoral para suspender los impuestos a las emisiones de dióxido de carbono mientras el desempleo no bajase a menos del 5.5%. La propuesta no pasó. Muchos de los progresistas, como Soros y Gates padre, que desde sus posiciones privilegiadas no han sentido la garra del desempleo no pueden entender porque estas políticas ambientales son más injustas que la injusticia social que los progresistas quieren eliminar. El 12.4% de los californianos están desempleados.
El ambientalismo se ha prestado como una herramienta muy útil en sus ataques al sector productivo. Es una posición indefendible oponerse a la protección del medio ambiente. El problema es que los progresistas argumentan el deterioro del medio ambiente por razones políticas y no realmente ambientales. Por ejemplo, las teorías del calentamiento global son altamente cuestionadas por expertos. A esto se le suma que los medios solo publican artículos a favor de la teoría del calentamiento global y no le dan cabida a artículos que se oponen a esta. Resulta ser que el calentamiento global es usado por los progresistas para introducir un impuesto a las emisiones de gases. Esta distracción con políticas ambientales dudosas se da mientras hay muchos daños ecológicos ignorados, cuantificables e irrefutables como la tala de la selva para la agricultura. Estamos cambiando y ensuciando este planeta, eso es cierto, y deberíamos hacer algo tangible al respecto ¿estaremos calentando el planeta? solo los ciclos naturales del sol pueden hacer eso e impuestos poco pueden frenar ese supuesto calentamiento.
California es un Estado progresista y hoy esta al punto de fallar como lo hiso Grecia, otro Estado progresista, que requirió billones de dólares de rescate económico. Este estado ejemplifica la conexión entre impuestos, déficits, recesión, desempleo, ambientalismo y odio por las corporaciones bajo la etiqueta del progresismo.
Que no quepa duda, quienes ayudan a los pobres son la clase productiva con impuestos y empleos. Los políticos progresistas son solo los intermediarios en la transferencia de esta riqueza por medio de un mecanismo casi siempre se confunde con lo burocráticamente inepto y lo corrupto. Ellos escandalizan a las audiencias con el riesgo que existe en los países latinoamericanos de que la gente se muera de hambre, que haya indigencia, desplazados, desempleo y pobreza en general. Hacer escándalos por eso no está del todo mal aunque se saque de proporciones; proponer políticas progresistas para sus soluciones exacerbará los problemas sociales en lugar de solucionarlos.
El progresismo sí genera progreso, pero progreso similar a la gangrena que se expande y carcome a su víctima. Por eso el progreso del progresismo es más parecido a una regresión.
noelcjr@hotmail.com
Por Noel Carrascal