Las guerras son indefendibles inclusive cuando no queda otra opción que perseguir terroristas del Caguán a lo mas inhóspito de nuestras vastas selvas amazónicas; Inclusive cuando se es agredido, es difícil argumentar que una guerra es una causa justa. Una guerra puede ser una necesidad, un recurso inexorable, una obligación de supervivencia, una defensa de lo que no se ha perdido, una herramienta de paz, pero justa, Nunca! No mientras mueran valerosos jóvenes persiguiendo criminales inescrupulosos. Siento esto a pesar de apoyar nuestras fuerzas armadas y la seguridad democrática. 

    Sin embargo hay quienes creen que hay guerras justas como la de clases sociales. A estas personas les parece justo cualquier revolución, asesinato, toma de palacio de justicia, calumnia en los medios, y prevaricato con tal de redistribuir las riquezas. 

    Lo curioso es que quienes más invocan guerras de clases más en desacuerdo están con la persecución de criminales confesos como los talibanes de Afganistán o los terroristas de las FARC. Obama llego al poder con la promesa pacifista de acabar con la ocupación de Iraq y terminar lo más pronto posible la guerra legítima en Afganistán, al mismo tiempo que Obama busca desesperadamente ganar terreno político con una guerra en su propio territorio y entre ciudadanos de distintos estratos sociales. En esto no se diferencia mucho Obama de nuestros mamertos criollos.

    La guerra interna de Obama no es de cañones, tropas, artillería y fuerza aérea o naval. Es una guerra de clases que se lucha con impuestos, demonizaciones injustas del sector productivo e industrial, generalizaciones de acciones de algunos pocos empresarios tramposos para atacar una clase emprendedora que en su mayoría es honesta y produce bienestar a millones de ciudadanos en forma de empleo. 

    Del lado opuesto al sector productivo de esta guerra de clases esta el sector sindical. Tim Pawlenty, gobernador del estado de Minnesota, escribe en The Wall Street Journal que pensar en sindicatos suele traer a la mente la imagen de personas trabajando bajo condiciones deplorables y con funciones monótonas. El levantamiento del movimiento laboral a principios del siglo veinte fue un triunfo para la gente trabajadora formada por familias vulnerables y temerosas que eran justamente protegidas de la explotación laboral por sindicatos.

    La realidad del movimiento laboral en los Estados Unidos ha cambiado radicalmente. Las personas sindicalizadas ya no trabajan en condiciones difíciles; la mayoría lo hacen para el gobierno que, gracias al presidente Obama, es el único sector económico en un boom de expansión en una economía débil. Desde 2008, el sector privado ha perdido casi ocho millones de empleos mientras el sector público municipal, estatal y federal ha sumado 590,000 empleos. 

    Empleados federales reciben un promedio de US$123,049 anuales en pagos y beneficios, el doble del sector privado. A lo largo de los Estados Unidos la realidad es la misma: empleados públicos sindicalizados ganan más dinero, tienen mejores beneficios y gozan de una seguridad laboral que familias del sector privado rara vez disfrutan. Estos privilegios del sector público se tienen que pagar con impuestos, déficits y deuda federal.

    El asalto al fisco de los sindicatos públicos ha sido una maniobra lenta y silenciosa con el apoyo incondicional de políticos comprados con contribuciones a campañas. Estos políticos sirven los intereses de los sindicatos y tienen varios estados de la unión norteamericana a punto de colapsar con pasivos de prestaciones sociales que suman más de 3 millones de millones de dólares. Estas prestaciones son garantizadas por ley y hunden la viabilidad fiscal de los gobiernos. El resto de la población, la de los nuevos trabajadores oprimidos del sector privado, esta vez por sindicatos y no empresarios inescrupulosos, tienen que pagarse esos mismos beneficios de sus propios bolsillos con salarios deprimidos debido a que impuestos más altos a las clases productivas comúnmente se traducen en recortes salariales o de empleos. 

    Recientemente Obama ha criticado más a los banqueros que a Osama Bin-Laden. En Colombia, La revista Semana ha hecho creer a mucha gente que un floricultor que genera empleo y recursos es más malo por recibir subsidios que una mediadora de vidas humanas, amiga y consejera de los secuestradores, como Piedad Córdoba, para dar solo un ejemplo.

    La guerra de clases de Obama ha sido cuestionada por otro columnista de The Wall Street Journal, Daniel Henninger. En síntesis, Henninger describe el discurso de odio y resentimiento que Obama dio a los trabajadores de overol (blue-collars) quienes no ven otra mejor forma de prosperar que una transferencia de dinero de ricos a pobres. Ante las penosas tareas de tener que trabajar por 30 o 40 años en trabajos monótonos y que no demandan un alto nivel de entrenamiento, la clase sindical ha encontrado en el votar por políticas populistas, de trasferencia de riqueza, y de guerra de clases, un camino más fácil a la prosperidad. Mucho más fácil y menos riesgoso que ir a una universidad a estudiar una carrera que les dé un trabajo mejor pago. No hace mucho, solo unos pocos empleados de Ford Motor Company aceptaron un paquete que les pagaría la universidad y un dinero adicional si renunciaban a sus jugosos, pero monótonos, trabajos y beneficios.

    Obama se postula en esta guerra interna de clases como el defensor de la clase media de la opresión de la clase más pudiente de los Estados Unidos. Obama se equivoca en mezclar la clase media con la clase sindicalizada. Lo cierto es que Obama insiste que los estadounidenses más ricos son los opresores, cuando en realidad son quienes en su mayoría, directa o indirectamente, proveen trabajos con el capital necesario para contratar personas de clase media. Obama continua con su retorica de guerra de clases sugiriendo que la rebaja de impuestos a la clase productiva evitara el pago de la creciente deuda federal. Obama no reconoce que él es el causante de esa gran deuda con componendas que pusieron el presupuesto nacional en un déficit sin precedentes. 

    Este articulo no es un contra ataque a la guerra de clases liderada por Obama y respaldada por sindicatos y la izquierda colombiana. Debe quedar claro que no se debe reciprocar el odio a la clase productiva con un odio a la clase laboral. Solo busco una gradual reducción a prestaciones y sueldos especiales para que tanto la sociedad estadounidense como la colombiana sean más justas y equitativas fomentando más empleo. Los dineros de los contribuyentes no se deben convertir en botines de los sindicatos. La culpa no es de los trabajadores quienes aspiran a mejores sueldos, la culpa es de quienes los radicalizan haciéndoles creer que ellos son víctimas, cuando están pasando a ser victimarios. 

    No se puede permitir la doble moral de personas como Obama, Chávez y Lula quienes buscan terminar o entorpecer guerras externas contra terroristas y en su lugar generan la discordia social con una guerra interna de clases en sus propios países.
    El concepto de socialismo del siglo XXI se presta para propósitos dictatoriales en lugar de buscar una sociedad más justa, equitativa y con niveles de vida aceptables. Este tipo de socialismo es un meme para convertir a Venezuela en un país empobrecido que beneficia a una pequeña minoría del pueblo a costas de las vastas riquezas naturales de todos.

    El termino meme fue sugerido por el científico Richard Dawkins y es definido como la unidad teórica de información cultural transmisible de un individuo a otro, de una mente a otra, de una generación a la siguiente o a través de medios de comunicación al pueblo. Según Dawkins los memes se copian, mutan y obedecen a selección natural de forma análoga a como el ácido desoxirribonucleico lo hace con la información genética, y son producto de la organización del cerebro y el sistema nervioso.

    Ejemplos de memes incluyen melodías, dichos, ornamentos de moda, y la tecnología de crear arcos. La propaganda de las compañías tabaqueras que muestran gente bonita, saludable y elegante fumando, puede ser considerada un meme para hacer creer a jóvenes que fumar es de personas refinadas y símbolos sexuales. De manera análoga, el foro de Sao Paulo se apoderó de términos para introducir el meme de que la revolución es buena, que la distribución de riqueza es algo justo, que existe una injusticia social y que sus opositores son corruptos asesinos y ellos ‘no’. Entre estos términos que aparentan ser algo bueno están el progresismo, justicia social incuantificable, y socialismo del siglo XXI.

    Los memes son introducidos a los venezolanos por cubanos ya infectados con estas ideas comunistas. Primero infectan con dinero e ideas a personas creando una bolivarquía que no es más que otro anillo de seguridad de Chávez. Luego continúan con el resto de la población. Ellos pretenden lavar el cerebro de los niños venezolanos reformando la educación elemental e introduciendo memes en forma de mensajes subliminales como la llamada ‘cajita social lista’ que se les da a los niños para alimentarlos.

    Quien haya visto un socialista del siglo XXI bien adoctrinado puede observar que ha sido infectado con algo. Los memes son la mejor, y más práctica, explicación que puedo encontrar para entender esas personas que son agentes auto destructores de su pueblo, pues ese ha sido el destino trágico de Venezuela. Muchos mamertos tienen este meme bien implantado en sus cabezas. En otros tiempos se consideraría la implantación de estos memes como un lavado de cerebro.

    Una posible alternativa al socialismo del siglo XXI ha emergido gracias a avances tecnológicos digitales y la inversión de capitalistas que buscan una mejor sociedad. La nueva red social JUMO fue creada por uno de los billonarios cofundadores de Facebook. La idea es poner a las personas en contacto directo con las causas u organizaciones sociales que les interesen para contribuir voluntariamente. Por el momento solo se puede ayudar a organizaciones no gubernamentales ya establecidas, pero se puede esperar que esta red social evolucione para que las personas se ayuden entre sí mutua y voluntariamente. Este sería el verdadero socialismo del siglo XXI; el que a través de la tecnología se libera a las personas de depender del gobierno para poder ayudar a los necesitados eliminando el intermediario corrupto: el político de pacotilla quien se beneficia de la transferencia de riquezas como la ley de víctimas.

    Este tipo de socialismo entre personas a nivel privado no es nada nuevo, la gente siempre se ha ayudado, sólo adquiere una nueva dimensión y gran relevancia con el poder de internet y las redes sociales. Aún es temprano para predecir su alcance ya que se esperaría una fuerte oposición de las clases dirigentes, a quienes les quita poder.

    Posiblemente la ayuda social directa empiece entre amigos y familiares cercanos para evitar fraudes e intromisiones indebidas en la vida privada de las personas. También se puede esperar que la gente prefiera ayudar anónima y directamente a través de organizaciones privadas con reputación como la Cruz Roja, especialmente cuando ocurren tsunamis como los del océano Índico, terremotos como los de Haití e inundaciones como las de Colombia donde no conocen alguien a quien ayudar.

    Este verdadero socialismo del siglo XXI es bueno pues reduciría burocracia, corrupción y tráfico de influencias. Evitaría el uso de memes para establecer dictaduras, o gobiernos populistas, por parte de políticos y periodistas. Buscaría una sociedad más compasiva sin poner la carga en la clase productiva con impuestos elevados, ni demonizarlos injustamente por el infortunio de otros.

    Un socialismo privatizado no puede emerger en el marco de una constitución que obliga al gobierno a tomar excesivas responsabilidades sociales. Éste es otro ejemplo por lo que la constitución del 91, que fue escrita poco antes de una era digital que nadie previó (La constitución del 91 fue inoportuna y debe ser reconsiderada), se queda corta en sus propósitos hasta el punto de crear la injusticia de que mucha gente no tiene acceso a todo lo que la constitución promete y se lo paga de su propio bolsillo, mientras a otros el estado les da beneficios exagerados. Por eso una constitución en la que el gobierno regule lo social, y se preste a la ayuda de los unos a los otros saliéndose del medio, podría crear un país más compasivo, menos corrupto, con menos impuestos y las libertades económicas basadas en el incentivo del respeto a la propiedad privada y la generación de industria que generen prosperidad. Como están las cosas no hay justicia. Pero el monopolio de lo social difícilmente lo soltarán los políticos, sólo el constituyente primario puede exigir que se le reconozca y permita ayudar directamente en una nueva constitución.

    Esperemos que no sea torpedeado y que evolucione en un mecanismo de colaboración entre ciudadanos, y que se contabilicen esas contribuciones sociales privadas para propósitos fiscales. Así, ni Chávez, ni el Polo, ni el Foro de Sao Pablo, ni las FARC podrían meter a la gente el meme de una injusticia social y toda su demagogia para llegar al poder y cometer verdaderas injusticias sociales.

    noelcjr@hotmail.com
    Recientemente me enteré del número más grande al que puedo asociar con algo. El número de estrellas en el universo se calcula en trescientos sextillones (en la notación norteamericana, 300.000 trillones en la española). El numero es el equivalente a un trescientos seguido de veintiún ceros. Y aunque el número es asociado con algo físico, es difícil de concebir su tamaño. Trescientos sextillones no es el número de mayor magnitud del que tenía conocimiento. Hay otro número mayor al que puedo relacionar con algo, pero cuyo uso no es apropiado. Ese número es inconcebiblemente alto, pues escribirlo requeriría más espacio del que hay en el universo, es el googolplex (10google, o sea, un 10 a la google y el numero google equivale a 10100), del cual el famoso motor de búsqueda Google derivó su nombre.

    Estos dos números sirven para darnos cuenta de la poca noción que de la mayoría de números tenemos, y la autoridad con la que se creer conocer un número por su definición y al mismo tiempo ignorar lo que representa.

    En las usuales negociaciones de fin de año en Colombia nos encontramos con un problema numérico del que muchos políticos, industriales y sindicalistas hablan, creen ser expertos, pero por la diligencia con la que lo negocian, tramitan y sancionan, poco parecen entender: el monto del salario mínimo.

    Admito que no sé lo que es un salario mínimo en Colombia aunque sepa su valor numérico preciso pues no sé como hace alguien para subsistir con esa cantidad de dinero. Y para complicar la definición de un mínimo, habría que contabilizar el fortalecimiento del peso, la inflación, diferencias de costo de vida en diferentes ciudades y tamaño del núcleo familiar, entre otras variables.

    El valor numérico del mínimo en Colombia poco importa. Es un número que incluso cuando se le da el aumento más generoso y razonable por encima de la inflación, poco llega a significar en el esquema grande de las cosas. Para quienes reciben un mero mínimo la vida poco les cambia, pero para quienes reciben pensiones en múltiplos de mínimo la diferencia es significativa.

    Si el mínimo no fuese usado como un múltiplo de pensiones millonarias ¿Sería posible subirlo más? ¿Por qué el mínimo no es usado como factor divisorio para distribuir pensiones estatales injustamente altas entre quienes no tienen pensión? Esta injusticia social en el sistema de pensiones está asociada a las negociaciones del salario mínimo, pero rara vez se menciona. Del salario mínimo y sus múltiplos dependen muchos jóvenes retirados estatales que son quienes se han opuesto con más fuerza a una reforma de pensiones que se ajuste a la vaga definición de una justicia social ¿Quién puede definir el valor numérico de una justicia social? Ése es otro concepto del que muchos hablan pero nadie puede cuantificar concluyentemente. La justicia social no es un número, ni se puede definir, solo es demagogia.

    Es difícil creer que algún día se podrán distribuir las pensiones de varios mínimos entre quienes no tienen pensión. Este ejercicio mental e hipotético lo hago para acentuar la incongruencia entre quienes luchan por una justicia social sin ni siquiera poder ser justos con lo que ya es asignado para lo social, como las pensiones estatales. En Colombia hay muchos políticos y jueces que buscan distribuir la propiedad privada como en Venezuela. Ante estos problemas prácticos del hacer la justicia social verdaderamente justa, el individualismo del que cada uno se valga por sí solo aparenta ser algo más justo, dejando que la gente se ayude mutua y voluntariamente, algo que ya ocurre entre los menos afortunados.

    Y todo esto es derivado de las negociaciones entre quienes buscan una definición artificial de un mínimo más alto sin percatarse, o preocuparse, que el mínimo real y numérico es el que reciben los desempleados. El desempleo es de un 10.2% o aproximadamente cuatro millones de colombianos que ganan el verdadero e indiscutible mínimo: cero pesos.

    Hacer de Colombia una sociedad más justa no se lograra a través de la tramitación de leyes en el congreso o tutelas. El problema es muy de fondo para seguir tratando de arreglarlo con parches como el propuesto Beneficio Económico Periódico (BEP) por el CEPAL para hacer legal el dar pensiones menores a un mínimo. Éste es un ejemplo de cómo en Colombia se desfigura la Constitución con parches burdos y zurcidos sobre otros parches. Con cada parche con el que se arregla la constitución, varios huecos de más son creados por oportunistas, cortes y políticos.

    Un salario mínimo es algo tan misterioso e incierto como esos cuantiosos números gigantes o los conceptos de los altruistas justicieros sociales. La raíz de muchos de estos problemas se encuentra en la Constitución del 91. Pero si el mínimo tiene que ser definido muchas veces por decreto, ¿Qué esperanzas tenemos de que se apruebe una nueva constituyente? Y si se aprueba ¿Qué podríamos esperar de sus negociaciones para redactarla? Como el salario mínimo, la constitución está llena de conceptos que difícilmente se pueden definir y que cuando son cuantificados generalmente se abusa de ellos. Empecemos preocupándonos por el desempleo pues esta cifra se obtiene de encuestas científicas, luego tratemos de definir un mínimo sensato. Si logramos estos dos cometidos podríamos empezar a soñar en una constitución justa algún día que, como los números gigantes, aún está por definirse.

    noelcjr@hotmail.com

    Estamos inundados de información. No solo se nos alimenta eficientemente, también buscamos esa información con avidez. Ante esa avidez caemos victima de los medios de comunicación que como cualquier otro negocio buscan lograr márgenes de ganancias más altos. El resultado es un proceso lento pero seguro en los que quienes controlan los medios se van dando cuenta cuales noticias atraen más lectores; esto se logra con servicios de Internet que rastrean visitas en tiempo real y permiten saber que columnas son mas leídas y que temas son más atractivos para los adictos a la información, ósea casi todos nosotros.

    A esto se le suma que aunque los periódicos no se inventan la noticia, tienen el poder de seleccionar que noticias presentan y que fuentes utilizan de acuerdo a sus simpatías y propósitos. En este caso la prensa y los medios en general asumen el poder de filtro decidiendo lo que proveen al lector. Es entonces cuando la prensa se deja llevar por ansias manipuladoras con la fabricación de escándalos cuyo propósito es mantener al lector ‘enganchado’ pues de eso subsisten, y de paso influenciarlo deformando la realidad.

    Otros servicios en Internet permiten al lector informarse de sus propias fuentes y ponen en peligro el exclusivo oligopolio abusivo de los medios. Twitter emerge como una tenebrosa herramienta que pone en peligro el dominio que los medios tienen sobre sus audiencias con noticias y opinión. Este medio substituye a los editores de prensa como los seleccionadores de lo que debemos leer o saber. En twitter se escogen las fuentes de información en las que debemos creer y también dudar. Estas fuentes son directas y no filtradas por editores manipuladores. El impacto de twitter en los medios se puede analizar por la reacción que Álvaro Uribe genero al usar esta herramienta: si más personalidades acceden directamente a sus seguidores, la relevancia de los medios se empieza a erosionar.

    Creo que es el temor que twitter despierta en los dueños de los medios, que en Colombia corresponden a El Tiempo, El Espectador, Semana principalmente, el que los lleva a crear escándalos mediáticos. Ellos sospechan que el lector se les puede ir con la llegada de Internet y sus blogs, periódicos digitales de otros países y motores de búsqueda de noticias. Ante esta nueva realidad,  las críticas injustas a un ex presidente muy respetado por los colombianos se convierten en un enganche para atraer audiencias que cumple el propósito adicional de tener motivación política debilitando un líder carismático. Curiosamente el mismo hecho que Uribe use twitter fue usado con el propósito de desprestigiarlo.

    Uribe y twitter pusieron a temblar los medios y los puestos de muchos columnistas colombianos. Con twitter, Uribe asume el manejo de su propia imagen que estaba siendo destruida por los filtros de información de la prensa escrita. El motivo es que no es secreto que los medios simpatizan con Santos, un presidente asociado con las elites informativas capitalinas, porque este necesita salir de la sombra de Uribe para evitar ser considerado un traidor por quienes lo eligieron, y a medida que mueve al centro-izquierda del liberalismo oficial.

    Hay una gran audiencia de seguidores a quienes semejantes escándalos les crea una realidad deformada que los radicaliza en cual sea su percepción de Uribe. Algunos seguidores demonizan a Uribe; otros lo adoran incondicionalmente. Los dos son una audiencia muy leal que representa una cantidad significante de subscriptores que representan una fuente de tráfico consistente cada vez que se escribe algo que desprestigie al ex presidente. Estas personas son víctimas de una realidad alimentada con parcialización y tienden a reaccionar con emoción e incredulidad cuando se les informa lo contrario a lo que ellos consideran de Uribe. Eso en nada ayuda a Colombia y debemos evitarlo desligándonos de esa subordinación a los medios tradicionales e informarnos por fuentes independientes como twitter.

    Cuando la gente, colmada de sobrecarga informativa, ingenuamente confía sus filtros de información a la prensa y sus editores con intereses y sesgos particulares, la realidad se distorsiona y crea una mitología entre los mamertos que se hace evidente en ejemplos concretos: Se responsabilizo a Uribe por los secuestrados de las FARC, por no negociar un intercambio humanitario, pero Santos tampoco planea ese intercambio, por lo cual no se le responsabiliza ¿y los secuestrados que se pudran?; Algunos asilos políticos se ignoran, como el de la juez María Stella Jara por condenar injustamente a Plaza Vega, pero otros asilos políticos se critican, como el de María del Pilar Hurtado que ha sido prejuzgado por el presidente encargado de la Corte Suprema. Se creería que este tipo de mitologías solo podrían ocurrir en el país de la maravillas, también ocurren en el país de la guerrillas.

    En los dos casos anteriores hay ánimos parcializados para enardecer audiencias con escándalos y desprestigio político, algo inaceptable de una prensa que se considere respetable. La confianza de los lectores en los deficientes filtros de los medios de información ha contribuido a que la justicia en Colombia sea vista con dualidad dependiendo de qué lado de la opinión se está. Esto ha llevado al país a un limbo moral nacional. Estándares diferentes abundan para todo tipo de criminales. Para quienes son amigos de Uribe no hay estándar suficientemente alto y se les incrimina peor que los peores criminales de nuestra sociedad, pues esos criminales son frecuentemente los testigos y gozan de privilegios legales y asilos políticos en algunos casos. Para quienes definen los estándares, no hay estándar y pueden hacer lo que quieren, legal o ilegalmente. Ellos simplemente dictan sentencias y cometen prevaricatos, extorciones, reciben sobornos, dan casa por cárcel por simpatías, y expanden el ‘todo’ del vale todo que quieren usar contra Uribe a niveles criminales solo por no tener a nadie más por encima de ellas como autoridad moral. La actitud de muchos de estos jueces es como la de un medico con complejo de Dios que decide quien merece vivir o morir.  Esa es la bajeza moral a la que lleva una impunidad sin más justificación que cualquier capricho judicial con motivaciones políticas.

    Fiódor Dostoyevski dijo que ‘el grado de civilización de una sociedad puede ser juzgado entrando a sus prisiones’, la bajeza moral de Colombia está en un mínimo histórico pues muchos de sus peores criminales están sueltos, absueltos e impunes. Dostoyevski no conoció la Colombia de hoy.

    ¿Qué ha llevado a los medios a contribuir tanto a nuestra bajeza moral colectiva? Muy probablemente el miedo a la pérdida de relevancia y posible desaparición. Con twitter, wikileaks, wikinews, facebook, google news, yahoo, bing,  y otros servicios gratuitos, el lector tiene opciones para seleccionar su información. A esto se le puede sumar las llegadas de teléfonos con pantallas amplias e internet y tabletas digitales como el iPad de Apple que hacen del papel periódico algo anticuado. Ya no necesitamos tanto de la prensa, o los barones de los medios, y esta reacciona con tendencias sensacionalistas y pobreza de contenido con chismes y escándalos mediáticos de características mitológicas mamertas para enganchar lectores. Es posible que los medios se adapten a todos estas redes sociales independientes, pero está por verse como subscripciones pagas serán una alternativa a algo que se puede obtener sin costo.

    Inicialmente la sobrecarga informativa gracias a la vastedad de fuentes en internet llevo a que muchos lectores confiaran el filtro de su información a medios ‘prestigiosos’ y sus editores. Esto creó que en Colombia se generen escándalos para mantener audiencias ya que los periódicos sufren de caídas en subscripciones impresas y la transición a subscripciones en Internet esta aun por verse. La publicidad en internet ha crecido pero solo representa 10% de las entradas  de periódicos de Estados Unidos.

    Aún es temprano para esclarecer el futuro dudoso de los periódicos a medida que redes sociales como twitter incrementen su competencia con el oligopolio de la información en Colombia.  Twitter y otros servicios gratuitos en internet empiezan a perfilarse como medios autónomos que compiten como editores de periódicos como filtros de información. ¿Hasta done contribuye esto a que medios y periodistas fabriquen escándalos mediáticos? No se sabe con certeza, pero contribuiríamos mucho a la paz de Colombia si le quitamos poder a los medios buscando fuentes de noticias y opinión alternativas.En este mundo de la sobrecarga informativa los filtros de información mañosos están como un lulo, por eso es que no se puede dar papaya dependiendo de ellos solamente ni pagando subscripciones. 

    noelcjr@hotmail.com

    Innovar es proponer. Innovar es difícil. Es incluso difícil cuando se tienen todos los recursos disponibles. Columnistas de opinión tienen todos los recursos disponibles: la capacidad de redacción, todo el espacio y los medios para proponer nuevas ideas y diseminarlas a todos los rincones del mundo por Internet. Sin embargo, pocos se aventuran a proponer soluciones a problemas como nuestro subdesarrollo. Ni hacen ni dejan hacer. Pocos proponen, muchos critican. Pocos sugieren, solo analizan con sesgos. Pocos admiten estar equivocados, solo presumen ser dueños de la ‘verdad’. Ambos lados son iguales y se trata de influenciar la opinión de los lectores con argumentos de un lado, con escándalos mediáticos del otro. Aquí se refutan esos escándalos con argumentos pues son las columnas de opinión de mamertos las que tuercen la realidad, generan olas verdes, confunden asilo político con impunidad, encubren simpatizantes de farianos. Editores de periódicos administran la información innovando escándalos y métodos para deformar la realidad a su visión altruista de una justicia social; si ellos utilizasen esa capacidad innovadora para generar ideas constructivas, podríamos aspirar a potencia mundial.

    En Colombia la innovación se relaciona más fácilmente con algo que se genera en el extranjero y que se importa; algo que se hace en laboratorios de otros países; algo que se lee en magacines escritos en otras lenguas. Los avances tecnológicos nos llegan y seguiremos en la pobreza mientras nuestra economía intercambie teléfonos Blackberry por productos agrícolas; computadores por productos mineros; ropa de marca (alguna hecha en Colombia a bajo costo) con alto margen de ganancia por artesanías baratas mal pagas. Pocos son los productos más avanzados que cambiamos por otros más elementales. Si no producimos más productos de valor agregado, difícilmente subirá nuestra capacidad de adquisición y por ende continuaremos un paso atrás en desarrollo económico y bienestar ciudadano, pero para eso se necesita una innovación constructiva de la que carecemos.

    La precedencia que se le da a cualquier tipo de reforma agraria por encima de reforma a las universidades es un desatino que ayuda a explicar nuestro subdesarrollo. Esta ‘reforma agraria’ es una invención para distribuir la tierra, desvalijar la dirección Nacional de Estupefacientes. Oportunistas saltarán por encima de víctimas reales, políticos le pasaran factura a esos oportunistas en las elecciones. Esa invención es innovación de la mala, oportunista, raponera; de esa innovación si tenemos mucha.

    Hay que reformar las universidades para que sean motor generador de innovación y riqueza. Hoy nuestras universidades apenas se asoman entre las mejores de Latinoamérica, y las mejores de Latinoamérica a duras penas se asoman entre las mejores del mundo. La Universidad Nacional está en la posición 740 del mundo y es nuestra mejor representante.

    Para mejorar los rankings de nuestras universidades habría que ‘destilar’ científicos parásitos, anacrónicos, y asumir sus pensiones como pérdidas sociales. Se necesita ‘purificar’ los científicos emprendedores del resto. Cederles a esos científicos y a las instituciones educativas, en proporciones justas, las riquezas que se generen de la investigación con recursos estatales. El científico se puede fugar a otro país, pero la idea y la patente se queda en un fideicomiso de la universidad y como patrimonio nacional, en mayor medida.

    El fideicomiso de la universidad de Harvard asciende a 27.4 mil millones de dólares, creció un 11% en el último año, y una porción sustanciosa se reinvierte en investigación. Este fideicomiso ha sido incrementado por ganancias en las licencias de patentes generadas por sus profesores con dinero federal y hasta donaciones privadas. La credibilidad de la institución, y su esmero por la educación y el progreso, atraen regalos millonarios de sus ex alumnos más exitosos.

    Para esto se necesita que los proyectos tengan una alta posibilidad de convertirse en negocios prósperos. Una vacuna contra la malaria podría ser una fuente de riqueza nacional. Manuel Elkin Patarroyo ha buscado innovar en ese campo sin éxito definitivo y con muchas críticas. Pocos parecen entender el nivel de dificultad de su misión. Solo se adelantan a criticarlo por concentrar recursos para la investigación. El que no haya tenido éxito no demerita sus esfuerzos; como él hay miles de científicos en todo el mundo luchando contra las posibilidades de derrotar un ecosistema de microorganismos que mutan constantemente dificultando su eliminación. La mayoría de estos científicos fracasan y la inversión en sus proyectos se paga con el éxito de unos pocos. Un problema es que en Colombia todas nuestras esperanzas están en un científico y si fracasa se pierde la inversión.

    Poco notamos nosotros, los beneficiarios de esos avances tecnológicos foráneos, la inversión, esfuerzo y frustración que la investigación y la innovación causa. Patarroyo debe seguir en sus esfuerzos con recursos colombianos, pero también se le debe apostar a otros científicos para que reduzcan el riesgo de perder la inversión. Solo así se reflejara este gasto en el Producto Interno Bruto que genera recursos para lo social. Solo le critico a Patarroyo que si descubre una vacuna no se la regale a la ONU, que en lugar busque subsidiar esta vacuna para los pobres con fondos de países ricos para generar más recursos para Colombia.

    Innovar es algo difícil de pedir pues Colombia sufre de facilismo, siempre lo ha sufrido y gracias al mal ejemplo del narcotráfico mucha gente se dedica a torcidos, corrupción política o atajos para lograr riqueza. Esto no solo es evidente a nivel del ciudadano promedio, también a nivel gubernamental. Hoy vivimos una bonanza minera y eso generara fácilmente muchos recursos para políticas que benefician a los políticos y empresarios principalmente, a alguna gente marginalmente, y residualmente al país entero y las futuras generaciones. Generaciones que recibirán un país sin riquezas naturales gracias al cortoplacismo de un presidente preocupado por su legado y su entorno de colegas políticos.

    Este facilismo es el que hace que la innovación parezca un severo dolor de cabeza. El cortoplacismo de la generación de recursos rápidos, como los mineros, no nos permite ver más allá del futuro cercano. Es por eso que generar programas complejos de generación de riqueza intelectual a largo plazo, de la que hay que sentarse a pensarla, es como cosa de brutos; cuando de brutos es no pensar para crear.

    Nuestra corrupción institucional, violencia y falta de emprendimiento no ayudan a que Colombia deje de ser asemejada a una república bananera y mediocre. Procuremos ser reconocidos a nivel mundial por avances tecnológicos y no principalmente por productos de relativa simplicidad de obtención como petróleo, carbón, minerales, café, esmeraldas y drogas ilícitas. Por eso debemos reforma el campus y no el campo.

    PUNTO AISLADO: Bienvenidas las críticas a mi propuesta de innovación científica y tecnológica generando fideicomisos en universidades, pero en lugar de eso ¿Por que más bien no tratan de escribir como acelerar el crecimiento económico y de bienestar humano de Colombia y comparamos notas? No caigamos en esa espiral destructiva de solo criticar sin proponer soluciones. En mi última columna además de criticar al Presidente, también propuse alternativas ¿Será eso algo muy difícil de pedir?

    noelcjr@hotmail.com
    En la inauguración del gobierno de Santos escribí sobre la importancia de las prioridades que le debería dar a todo lo que dijo en su discurso de posesion. El discurso me gusto y me hizo sentir optimista sobre las capacidades del nuevo presidente y cómo contribuirían al bien de Colombia. Ya en ese entonces había notado que el discurso era solo tan bueno como las prioridades que el daría a todo lo que le dijo a todo el mundo que haría. Sugerí que la prioridad de Santos debía ser la innovación tecnológica como la única locomotora con potencial ilimitado para generar riquezas. 

    Cien días después su discurso de posesión empieza a asemejarse a una lista de promesas vacías para dar contentillo a todos los sectores políticos de la unidad nacional. Santos le da prioridad a reformas de perfil político sobre reformas constructivas que generen más riqueza y bienestar para los colombianos. Mi optimismo se está convirtiendo en pesimismo.

    Todo lo que actualmente adelanta estaba en su programa de gobierno, es cierto, pero las prioridades que le ha dado a los temas en ese programa de gobierno son la diferencia entre un gobierno bueno y uno malo. No creo que haya pecado de ingenuo al apoyar a Santos en su elección, creo que Santos abusó de nuestra buena fe mostrando una cara como candidato y otra con sus acciones como presidente. Era imposible prever esa dualidad. Uribe se diferencia de Santos en que palpaba el pulso de los colombianos, sus anhelos de paz y prosperidad, y Santos palpa el pulso de la clase política y los medios. La objetividad de Santos parece comprometida con una preocupación por su legado. 

    Bien adentro de su mandato se puede volver a revisar y contrastar ese discurso inaugural con los logros que menciona en su alocución en referencia a los cien primeros días de su mandato. El discurso del pasado martes tiene un desproporcionado balance que se inclina más a lo de carácter populista y de beneficio político que a reformas generadoras de prosperidad. Ese desbalance es el motivo de mi pronóstico negativo sobre los logros potenciales de la administración Santos.

    El resumen que Santos da de su administración suena bonito e intachable en sus propósitos. Esperemos que nos alcance toda nuestra riqueza minera para cubrir esas supuestas inversiones; pues la vivienda, la educación primaria, créditos del ICETEX, la ayuda a los desfavorecidos, mejor salud, ley de víctimas, restitución de tierras, ayuda a los damnificados por el invierno, obras de infraestructura, de expansión de internet y la seguridad democrática son gastos muy importantes mas no inversión. Estos gastos corren el riesgo de hundir nuestras finanzas en caso de que el clima económico mundial, que hoy es benévolo, cambie para mal.

    Santos cuenta mucho con la generación de recursos por parte de la minería y un recaudo de impuestos más riguroso. Esto vaticina una posible enfermedad holandesa con el consecuente fortalecimiento del peso frente a otras monedas y las dificultades que esto les generará a los exportadores. Estos ya han tenido que cortar empleos por la tendencia del peso a fortalecerse.  Este fortalecimiento del peso se puede complicar con una posible caída del dólar pues la reserva federal estadounidense se ha propuesto a imprimir dólares para comprar seiscientos mil millones de dólares de su deuda y reactivar su economía.  El ámbito internacional no se torna como para que Santos tire una fiesta de gasto interno excesivo.

    A esto se le debe sumar que en su discurso poco se discute el alto déficit fiscal que ronda el 4.5%. Y para agravar las cosas, Santos anuncia gastos sin mencionar la bomba de las pensiones o la crisis de la salud. La reforma a la justicia difícilmente pasara sin que Asonal Judicial reciba una mordida. La regla fiscal ayudará mucho, aunque lo que Colombia necesita es un algoritmo fiscal y un presidente que le dé la debida prioridad ¿Cómo lograra Santos sus metas de gasto y responsabilidad fiscal? Y ¿A qué se debe la buena imagen de Santos cuando hay tanto por verse?

    Parte del aura de gran presidente que Santos proyecta puede ser una deformación mediática. En un artículo reciente en el periódico El Tiempo se destaca su gestión como la de un presidente que ha sorprendido. Si miramos los logros que El Tiempo resalta, se vuelve a notar que Santos parece estar más preocupado con la politiquería que en preparar al país para que alcance logros económicos y de bienestar más altos para sus habitantes.

    Algunos de los logros politiqueros más notables que El Tiempo destaca de Santos son: la entrega de la información de los computadores de Reyes a Correa como condición para el restablecimiento de relaciones; el restablecimiento de relaciones con Venezuela, nuestro segundo socio comercial, y su nuevo “mejor amigo” Chávez con promesas de extradición de un criminal pedido por los Estados Unidos, nuestro primer socio comercial; acercamiento con las cortes, con elección de nueva terna para fiscal, cuando las cortes fueron las que se alejaron con sus posturas politizadas; ley de víctimas y tierras y acercamiento con la oposición. En resumidas cuentas Santos ha hecho mucho para los políticos y poco para la gran mayoría de colombianos desempleados. La politiquería y sus reformas no le resuelven mucho al colombiano promedio.

    El tono conciliador de Santos con enemigos internos y externos se le atribuye como algo positivo para mermar la polarización del país ¿Cuál polarización? Polarización ocurre cuando el país se divide políticamente en dos mitades casi iguales y con posturas opuestas. No hay polarización cuando se es elegido con un 70% del electorado y cuando el 30% restante era en su mayoría un voto por una propuesta alternativa y no por oposición neta. Si de oposición y polarización neta fuese, el Polo Democrático no hubiese sido derrotado por Mockus. Lo que parecía un país polarizado y en conflicto era más bien un país unido con una oposición minúscula, escandalosa y bullosa que hacía de cualquier sospecha mal fundada un escándalo contra Uribe y su gobierno, y todavía lo hace con los ‘altoparlantes’ de los medios de comunicación.

    Lo que aparenta ser una despolarización del país es un efecto anestesia de Santos que crea una armonía sospechosa. Una calma relativa y tensa; como el buen tiempo antes de la llegada de un huracán; como un frente de guerra antes del amanecer; o como niños hambrientos que esperan obedientemente su tajada de la torta burocrática. Todos parecen estar fuera de sintonía con lo que ocurre en el mundo a nivel económico y ensimismados en sus intereses políticos y personales.

    El mundo gira en torno a crisis financieras internacionales, guerra de divisas, desarrollos tecnológicos, generación de nuevas empresas y trabajos, y Santos le da prioridad a organizar la casa para contentar a la clase política, a redistribuir riquezas en lugar de generarlas.

    No veo por buen camino la presidencia de Santos a menos que le dé menos prioridad a su agenda social y política y más prioridad a la generación de industria y empleo. Hay que reconocer que en el discurso del martes Santos mencionó brevemente la innovación y una reforma a las regalías que destinaría el 10% a ciencia y tecnología. Eso es bueno, mas no parece suficiente para cubrir su lista de gastos. Incluso si esta inversión de regalías se traduce en un boom tecnológico y de generación de empresas emergentes, empleo, riqueza intelectual y recursos fiscales, es difícil que sea a corto plazo. Este tipo de inversión es indispensable para salir del subdesarrollo y generar recursos, pero difícilmente se materializará durante esta presidencia. A menos que se presente este milagro tecnológico e industrial improbable, Santos se perfila como un petardo decepcionante.

    noelcjr@hotmail.com

    Ante el debilitamiento de la izquierda violenta, es hora que enfilemos nuestras baterías en dirección del próximo enemigo del desarrollo económico y del bienestar de los colombianos y latinoamericanos en general: el progresismo.

    Hay diferentes gamas de progresismo que pueden variar de país en país y entre los diferentes partidos políticos que adoptan esta palabra en su denominación política, de acuerdo a su conveniencia. El progresismo al que me refiero es la misma izquierda mamerta que en Colombia se identifica mejor con El Polo Democrático y son más radicales que el centro-izquierda liberal tradicional.  Solo me refiero exclusivamente a algunos de los aspectos más comunes que la distinguen: impuestos más altos, demonización del sector privado y productivo, sindicalismo y protección sospechosa del medio ambiente.

    Hay que aclarar algo, el progreso es generado por el sector productivo y no por quienes dependen de las contribuciones de estos al fisco en forma de impuestos. Independiente del uso original de la palabra progresismo, que es tan difícil de rastrear como lo es su definición, la palabra progreso parece haber sido enajenada, o degenerada, para derivar el concepto de progresismo con intenciones de hacerla parecer una postura que genera progreso, bienestar.

    En realidad, donde el progresismo ha cundido, el deterioro económico ha sido más notorio. Generalmente las víctimas son Estados ricos, vacas gordas, que cuando son pringados de progresismo tienden a parecer anémicos, estancados, decadentes, con alto desempleo, costo de vida y estimulando el éxodo de su clase productiva y calificada a Estados no progresistas.

    Hay quienes creen que descalificar el progresismo usando como ejemplos Estados diferentes a Colombia es una extensión de una analogía que difícilmente se ajustaría a nuestra realidad. Las diferencias son muchas, mas en ausencia de otras guías para juzgar el progresismo ¿deberíamos simplemente creer la opinión de quienes defienden o se oponen al progresismo? ¿Deberíamos no preocuparnos por lo que pasa en Venezuela (un país todavía más a la izquierda que el progresismo) simplemente porque Colombia no es Venezuela? Estados Unidos es un país muy grande y difícil de comparar con Colombia, pero sus estados son laboratorios más pequeños de políticas económicas  que pueden ser usadas, y comparadas con Colombia, solo para darnos una idea más informada de que es lo mejor para nuestro país. Seria intelectualmente arrogante ignorar las experiencias de estos estados y repetir sus errores, o un lujo no emular sus aciertos.

    Las políticas que definen al progresismo están conectadas indirectamente y su único propósito parece ser beneficiar a quienes no generan riqueza en detrimento de quienes la generan, ricos contra pobres, con el efecto segundario de beneficiar a los políticos simpatizantes con su elección. Bajo el progresismo se asocia alza de impuestos, desempleo, déficits, sindicatos y odio a las corporaciones.

    Una de las falencias del progresismo es que creen que con subir impuestos generan más recursos. Tapar los déficits fiscales con más impuestos generalmente los agranda pues quienes pagan más impuestos  no se quedan estáticos y tienden a mudarse a Estados donde los impuestos son más bajos. Al subir impuestos, los empresarios no solo huyen dejando edificios vacíos, desempleo y pobreza sino que también desincentiva a quienes quieren invertir y dejan de venir. Los altos impuestos en Nueva Jersey y Nueva York han hecho que muchos creadores de nuevas empresas y empleos se establezcan en estados como Texas.

    El progresismo tiene una influencia muy fuerte en el conflicto creciente entre sectores privados (productivos) y públicos (dependientes) en países desarrollados. Esto se ha visto en la asociación de políticos progresistas con sindicatos estatales y privados. Su objetivo es saquear las arcas del Estado con beneficios y sueldos que en promedio ya superan a los del sector privado y causan déficits fiscales. Cuando se nacionalizó General Motors al principio de la administración de Obama, los sindicatos recibieron una porción de la empresa como pago a costas de los accionistas. Fue una burda transferencia de riquezas que en práctica no se diferencia a las expropiaciones en Cuba y Venezuela. 

    Los progresistas desconfían, o no gustan, de las corporaciones. Esto pude ser un resultado directo de su concubinato con el sector público y sindical. Es por eso que el progresismo más parece una regresión; se retrocede cuando el sector privado que paga los recibos de las cuentas y generan riqueza se le pone una carga tributaria excesiva con impuestos más altos.

    De alguna forma estas empresas privadas terminan siendo vistas como malas, probablemente con ayuda de escándalos mediáticos en contra de unas pocas manzanas malas. En los Estados Unidos, el 2% de la población paga aproximadamente el 80% de las entradas por impuestos. A pesar de esto la clase rica tiende a ser demonizada. A esta demonización se le unen ricos privilegiados como George Soros y el padre de Bill Gates. A estas personas no les importaría pagar hasta un 90% de impuestos pues sus entradas son tan altas que inclusive vivirían como ricos con lo que les sobre. No es el caso de empresarios pequeños que aunque pueden llegar a ganar 200 mil dólares al año, nunca están muy lejos de una quiebra total por el costo de la nomina que los puede hundir durante bajones prolongados en ciclos económicos. Mas lo progresistas poco saben de ciclos económicos pues los cheques del estado siempre llegan puntuales.

    Es por esto que impuestos más altos son un factor muy importante para empresarios pequeños y emergentes en sus aspiraciones a sobrevivir recesiones. Los empresarios pequeños son uno de los mayores generadores nuevos empleos. Esto conecta impuestos y desempleo; a estas dos se les puede asociar las políticas ambientalistas de los progresistas. Recientemente en California hubo una propuesta electoral para suspender los impuestos a las emisiones de dióxido de carbono mientras el desempleo no bajase a menos del 5.5%. La propuesta no pasó. Muchos de los progresistas, como Soros y Gates padre,  que desde sus posiciones privilegiadas no han sentido la garra del desempleo no pueden entender porque estas políticas ambientales son más injustas que la injusticia social que los progresistas quieren eliminar. El 12.4% de los californianos están desempleados.

    El ambientalismo se ha prestado como una herramienta muy útil en sus ataques al sector productivo. Es una posición indefendible oponerse a la protección del medio ambiente. El problema es que los progresistas argumentan el deterioro del medio ambiente por razones políticas y no realmente ambientales. Por ejemplo, las teorías del calentamiento global son altamente cuestionadas por expertos. A esto se le suma que los medios solo publican artículos a favor de la teoría del calentamiento global y no le dan cabida a artículos que se oponen a esta. Resulta ser que el calentamiento global es usado por los progresistas para introducir un impuesto a las emisiones de gases. Esta distracción con políticas ambientales dudosas se da mientras hay muchos daños ecológicos ignorados, cuantificables e irrefutables como la tala de la selva para la agricultura. Estamos cambiando y ensuciando este planeta, eso es cierto, y deberíamos hacer algo tangible al respecto ¿estaremos calentando el planeta? solo los ciclos naturales del sol pueden hacer eso e impuestos poco pueden frenar ese supuesto calentamiento.

    California es un Estado progresista y hoy esta al punto de fallar como lo hiso Grecia, otro Estado progresista, que requirió billones de dólares de rescate económico. Este estado ejemplifica la conexión entre impuestos, déficits, recesión, desempleo, ambientalismo y odio por las corporaciones bajo la etiqueta del progresismo.

    Que no quepa duda, quienes ayudan a los pobres son la clase productiva con impuestos y empleos. Los políticos progresistas son solo los intermediarios en la transferencia de esta riqueza por medio de un mecanismo casi siempre se confunde con lo burocráticamente inepto y lo corrupto. Ellos escandalizan a las audiencias con el riesgo que existe en los países latinoamericanos de que la gente se muera de hambre, que haya indigencia, desplazados, desempleo y pobreza en general.  Hacer escándalos por eso no está del todo mal aunque se saque de proporciones; proponer políticas progresistas para sus soluciones exacerbará los problemas sociales en lugar de solucionarlos.

    El progresismo sí genera progreso, pero progreso similar a la gangrena que se expande y carcome a su víctima. Por eso el progreso del progresismo es más parecido a una regresión.

    noelcjr@hotmail.com

    La derrota del partido de Barack Obama en las elecciones legislativas de los Estados Unidos debe ser usada como un presagio de lo que podría pasar en Colombia si la prensa y la oposición siguen buscando ganar terreno político con escándalos mediáticos y distorsiones de la realidad.

    Después de ocho años de constante bombardeo mediático de la prensa, escándalos sonsos, ridiculización injusta de la imagen de un presidente, cobertura desproporcionada de políticas erradas e ignorando políticas acertadas, George Bush salió de la presidencia con una imagen muy desgastada. Al llegar la cara fresca de Barack Obama, de mesías, de salvador, sin argumentos concretos, con promesas vacías y odio por el mandatario anterior, se creyó que el fin de una administración problemática y regular había llegado y se abría paso a una administración buena que solucionaría todos los problemas habidos y por haber. La cura resulto peor que la enfermedad.

    Dos años después los votantes de la ola apasionada de Barack Obama entraron en razón y le dieron una bofetada a todas sus políticas irresponsables y a sus promesas vacías. ¿Cómo puede una opinión pública cambiar de parecer tan rápido y radicalmente? La parcialización de la prensa con tendencias a la izquierda crea una falla en la opinión que cuando es corregida engendra ‘avalanchas’ electorales dramáticas como las del pasado martes en Estados Unidos. El 82 % de los periodistas en Estados Unidos son demócratas con tendencia a la izquierda. Cuando se informa mal, sin balance y con ánimo de influenciar a la gente, tarde o temprano se corrigen las cosas y se ponen al derecho.

    El siguiente es un mensaje muy sabio a todos los editores de periódicos y periodistas mamertos: “Puedes engañar alguna gente algunas veces, pero no a toda la gente todas las veces”, Bob Marley.

    La derrota del Partido Demócrata en Estados Unidos y la caída del complot informativo de la prensa izquierdosa no son diferentes a los de la América Latina. No hay que leer mucho para darse cuenta de que en Colombia se quiere hacer lo que se hizo en Estados Unidos. Semana no hace sino inventarse y diseminar escándalos viejos buscando el mismo tipo de efecto que llevó a la desastrosa y despilfarradora administración de Barack Obama al poder, aunque ellos gustan del Polo Democratico. El periódico El Tiempo no sólo te mete noticias y opiniones amañadas sino que ya te dice lo que ‘debes leer’, ‘debes hacer’ y ‘debes saber’. A eso hay que sumar lo más importante: DEBES DUDAR, y mucho.

    El poder de desinformación de la prensa es tan alto que se puede demostrar con un simple paralelo entre dos tipos de grupos. El denominado ‘Tea Party’ es una organización de raíces populares que se enfoca en bajos impuestos, responsabilidad fiscal y reducción de la burocracia, en el poder de intromisión y en el tamaño del gobierno. Sus participantes son motivados por una creencia firme de lo que es mejor para el país. Sin embrago la prensa los ha mostrado como radicales y odiosos. Estas personas gustan de hacer demostraciones públicas con pancartas y algo de alboroto, pero pacíficamente. En Francia los sindicatos de izquierda bloquean la distribución de combustibles y hacen toda clase de saboteo, la prensa tiende a encubrir estos actos o dirigir la culpa a políticos que no ceden ante el abuso de los sindicatos. Al contrario del ‘Tea Party’ que busca lo mejor para el país, los sindicatos sólo buscan lo mejor para ellos y sus miembros, el resto del país los tiene que subsidiar.

    No es un complot de la derecha que Uribe sea tan popular. La gente siente que él representa sus intereses; que no gobierna para las oligarquías capitalinas. Cuanto más se ensañen con Uribe los dueños de los medios, más fuerte es la adhesión de la gente. Y si lo encarcelan o lo matan; esto simplemente haría que sus ideas trascendieran más aún. Cuando se lee a quienes se oponen a Uribe no se puede dejar de asociar que a estas personas les gusta Barack Obama, y esta semana el gobierno de Obama perdió.

    Todo parece indicar que el pueblo estadounidense despertó de su luna de miel con Obama y le eligió un cámara de representantes que no es fiscalmente irresponsable ni alcahueta de los sueños izquierdosos de los demócratas. En el Senado, los demócratas mantuvieron la mayoría con estrecho margen, pero perdieron terreno.

    La consecuencias del despilfarro fiscal de la izquierda demócrata fueron muchas: distribuyó la riqueza que no es de ellos y que se esfumó, pues la economía se contrajo y el desempleo no baja, sostuvo artificialmente a millones para dejarlos desamparados más tarde, ahondó crisis financieras, entorpeció el sector productivo con impuestos innecesarios y benefició sólo a la clase política y sindical de su agrado. Esto se corrigió el pasado martes.

    Como los mercados libres, a los que la izquierda teme, se niega a entender, quiere expropiar y critica burdamente, los electorados se corrigen y hacia la derecha en democracias libres. No porque sea la mejor postura, sino la menos torpe y entrometida; la que en principio busca evitar que la clase dirigente se engolosine con el poder, con la burocracia, el tráfico de influencias y puestos pidiendo un gobierno más pequeño, transparente y eficiente; la que en principio busca menos impuestos para que las familias tengan más dinero disponible, para que los pequeños empresarios puedan generar más empleo; la que en principio busca austeridad fiscal y crecimiento económico, pues la una sin la otra poco logra.

    El crecimiento es la parte difícil. En Colombia estamos muy amañados con que nos llueva plata del cielo, o emerja de la tierra, o mejor dicho de inversión extranjera o minería. En menor medida, y comparada con los países industrializados y ricos, poca prosperidad criolla se genera de nuestra propia imaginación en forma de desarrollos tecnológicos y capital intelectual que se traduzcan en exportaciones y recursos.

    Prosperar no es la prioridad de la izquierda. Con la complicidad de la prensa, su prioridad es sólo difamar con escándalos sonsos y demandas frívolas a contradictores políticos. Es extraño que no se den cuenta de que cuando engañan a la gente es sólo cuestión de tiempo que aquélla entre en razón. La izquierda no tiene argumentos, sólo mentiras, complots y persecuciones. Cuando pierden credibilidad es cuando lo inocultable se hace evidente y los electorados se corrigen, aunque para evitar esto tienden a ser dictatoriales y populistas.

    Debemos dejar de escuchar y leer con excesiva credulidad a los ‘torcidos’, testarudos mamertos de los medios de comunicación. No hay complot de la derecha. Como en Estados Unidos este pasado martes, la gente solita se da cuenta y solita se endereza.

    PUNTO AISLADO: La coincidencia de los dos eventos, la muerte de Néstor Kirchner y el triunfo de Dilma Rousseff, desnudan la duda de si Dilma es títere político de Lula como lo fue Cristina de Néstor. Necesitamos mujeres capaces en la política y las hay muchas, no necesitamos que la izquierda pretenda incluirlas engañosamente para hacerlas quedar como títeres.

    Por Noel Carrascal

    De Néstor Kirchner se esperaba que se lanzase a la presidencia en relevo de su esposa en las elecciones de 2011. Esto le hubiese permitido afianzarse legalmente al poder, pues no es secreto que él era el pilar principal de la presidencia de su esposa, sin incurrir en las tensiones públicas e institucionales de aspirantes a dictadores como Correa y Chávez. De haberse mantenido ese escenario, su triunfo estaba en duda. Mariel Fornoni, analista de Management and Fit, dijo recientemente que Mr. Kirchner tenía un 25 % del electorado que lo apoyaba fielmente, un 50 % que lo oponía rígidamente, y el 25 % restante estaba en juego como un voto que se podía inclinar a su favor, pero con el que no podía contar. Las posibilidades de un triunfo de Néstor Kirchner en las próximas elecciones hubiesen estado más a su favor si ganase en una primera vuelta, pues en una segunda vuelta, la oposición podría organizarse mejor y derrotarlo.

    Con su muerte, la baraja de aspirantes a la presidencia se pondrá a hacer nuevas cuentas para ajustarse a la nueva realidad electoral. Algunos de los políticos más sonados y con aspiraciones presidenciales son disidentes de su mismo partido y de la oposición.

    Uno de los aspirantes a suceder a Néstor Kirchner es el vicepresidente Julio Cobos, quien ha asumido una posición contradictoria al ser miembro del gobierno y figura de oposición. Cobos rompió con los Kirchner en votos cruciales en el Senado. Su prestigio político subió en 2008 cuando el Senado se alistaba a ratificar una ley para subir los impuestos a exportaciones agrícolas. El voto en el Senado dio un empate. El voto decisivo de Cobos inclino la votación a favor de quienes se oponían al impuesto y fue considerado un traidor por Kirchner y sus aliados.

    Entre los candidatos de la oposición que aspiran a la presidencia se cuenta el alcalde de Buenos Aires Mauricio Macri. A este líder de oposición se le ha criticado por su defensa del jefe de la policía porteña Jorge Fino Palacios por ‘chuzar’ a familiares de las víctimas del ataque terrorista ocurrido a la Asociación Mutual Israelí Argentina (AMIA) en 1994. Macri no está implicado directamente en este atentado, pero su defensa de un subalterno envuelto en este caso ha sido usada para desprestigiarlo políticamente. (Es curioso el modus operandi de las izquierdas que se agarran de sonsos escándalos de ‘chuzadas’ con conexiones vagas con sus contrincantes políticos para desprestigiarlos. En Colombia se busca erosionar la popularidad de Uribe sólo por las ‘chuzadas’ a la oposición y las cortes, ignorando ‘chuzadas’ a oficialistas y el ejecutivo. En Estados Unidos, Nancy Pelosi atacó a los Republicanos y la CIA por ‘chuzadas’ hasta que se archivó el escándalo cuando los testimonios indicaron que Nancy Pelosi sabía, y tenía acceso a la información, de estas ‘chuzadas’. ¡Utilizaba estas ‘chuzadas’ con fines políticos a sabiendas de tener rabo de paja!)

    ¿A quién le mandará Chávez su maleta llena de dólares para las elecciones presidenciales argentinas de 2011? Alguien probablemente emergerá como representante del Foro de Sao Paulo para las elecciones argentinas de 2011 dada la falta de lealtad mostrada por vice presidente Cobos con los Kirchner.

    Por el momento queda en duda la habilidad política del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner con la muerte de su esposo. No se puede descartar un resurgimiento en la popularidad de Cristina en solidaridad por su tragedia familiar. Este sentimiento a favor de la viuda-presidente puede ayudar a que el reciente crecimiento económico del país finalmente se refleje en sus índices de aprobación, pues se consideraba una anomalía que aunque Argentina crecía al 9 % la Kirchner a duras penas lograba el apoyo de uno de cada tres argentinos.

    Es de esperar que Cristina Kirchner aproveche su posible resurgimiento en popularidad para catapultar a alguien de su confianza, afinidad ideológica y política a la presidencia de Argentina de una forma similar a como Lula catapultó a la entonces desconocida Rousseff. Éste es un escenario más favorable para la izquierda latinoamericana y el Foro de Sao Paulo. Con Néstor Kirchner de relevo a su esposa en las elecciones de 2011, las posibilidades de su triunfo estaban en duda. El heredero político de los Kirchner se beneficiará del populismo de éstos, que creó muchas lealtades. Durante el mundial, los Kirchner distribuyeron convertidores digitales en barrios pobres para permitirles ver los partidos con resolución de imagen más alta. También dieron populares subsidios a familias pobres con niños, facilitaron créditos de casas y carros y distribuyeron computadores portátiles. El heredero político de los Kirchner será asociado con dificultad a las políticas más impopulares de éstos. Políticas intervencionistas como la nacionalización de los fondos pensiónales, sus conflictos con el sector agrario y sus roces con los diarios y la libertad de prensa.

    En resumidas cuentas, un sucesor de los Kirchner podría aspirar al poder con más fuerza que el difunto ex presidente. El riesgo que esto conlleva es bien descrito por el columnista argentino Rosendo Fraga quien dijo que bajo los Kirchner “lo institucional esta subordinado a lo político”. Esta subordinación ha llevado a países como Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua a dictaduras de facto. En Colombia, Instituciones como la Justicia se han subordinado a lo político. Todo parecía indicar que la poca popularidad y desgaste político de los Kirchner reduciría ese riesgo. Por el contrario, la muerte de Néstor Kirchner no reduce la posibilidad de que los vicios políticos de la izquierda perduren en Argentina más allá de 2011, y posiblemente la incremente. Esperemos que la oposición se organice y evite la continuidad de estas políticas empobrecedoras en Argentina.

    Cuando lo político se subordine a lo institucional, Latinoamérica dejara de ser frenada por rencillas políticas y por la polarización de sus pueblos.
    Culpar el idioma español de nuestros conflictos parecería una excusa tonta, otra forma de negar nuestras responsabilidades, las consecuencias de nuestra idiosincrasia. La apariencia inicial de esta acusación sugiere una estúpida forma de encontrar un culpable a un comportamiento conflictivo de nuestra gente que es difícil de explicar por falta de otros factores en común, o por la complejidad del problema.

    Los lingüistas han sospechado que las lenguas influencian las culturas. Esta teoría ha sido muy difícil de demostrar experimentalmente. Recientemente, nuevos experimentos en múltiples idiomas han evidenciado diferencias en la forma de pensar de las personas que pueden estar relacionadas con la lengua que hablan y su gramática, principalmente. Carlomagno solía decir que una segunda lengua es como tener un segundo espíritu; puedo atestiguar que eso es cierto en cierta medida. Fue el reconocido lingüista Noam Chomsky quien retó esa postura. Propuso que había una gramática universal en las lenguas. En otras palabras, diferentes lenguas difícilmente llevarían a una forma de pensar diferente. Después de varias décadas de trabajo buscando características universales en diferentes lenguas, ninguna teoría de una gramática universal ha pasado con éxito el escrutinio. En realidad, a medida que los lingüistas investigan más a fondo las aproximadamente 7.000 lenguas del planeta, emergen diferencias impredecibles.

    No por esto se puede negar la existencia de una gramática universal para toda las lenguas, pero sí se puede limitar esta gramática a un nivel de funcionamiento lingüístico más fundamental. Creo que aunque exista o no una gramática fundamental para todas las lenguas, de ninguna forma está en conflicto con la idea de que las diferencias entre las lenguas conducen a diferentes comportamientos individuales y colectivos entre sus hablantes. Identificar y caracterizar las diferencias que llevan a estos comportamientos es tan difícil como encontrar una gramática universal para las lenguas.

    Ante la monumentalidad del problema, los científicos han empezado a organizar piezas de este rompecabezas. Un ejemplo es un estudio de la diferencia sutil en la forma en que nuestro cerebro registra diferencias observadas cuando son hechas por personas que hablan dos idiomas diferentes. Si algo se puede concluir con semejante estudio es que se abre una caja de conceptos y dudas que pocas veces exploramos. Quienes hablamos español e inglés no sabemos cómo se comparan estas dos lenguas entre sí. Simplemente pensamos en las dos lenguas y las usamos sin prestarle mucha atención a sus diferencias. Un análisis comparativo entre nuestra lengua y otras nos puede llevar a un conocimiento más profundo de aquélla y de los mecanismos que funcionan a un nivel subconsciente. Mecanismos que muy probablemente influyen en nuestro comportamiento y sólo se hacen notar en las diferencias de comportamientos de quienes hablan diferentes idiomas.

    Una diferencia que nos concierne mucho es la forma en que se asignan causalidades en inglés y en español. En un estudio dirigido por Caitlin Fausey de la universidad de Stanford, a personas cuya lengua nativa es el inglés o el español se les presentaron videos de objetos que eran rotos por individuos intencional y accidentalmente. Luego se les pregunto si podían recordar quién rompió los objetos. Las personas que hablan español tienden a no recordar quién rompió los objetos cuando éstos fueron destruidos accidentalmente, pero sí pudieron recordar quién los rompió cuando se hizo a propósito. Las personas que hablan inglés podían recordar quién rompió los objetos incluso cuando eso ocurría accidentalmente. Las personas que hablan inglés suelen asociar con el sujeto el objeto que se rompió accidentalmente, “Jose rompio el florero.”; Las personas que hablan español tienden a recordar el evento simplemente como “el florero se rompió” sin hacer distinción específica de la persona que causó el percance (Articulo).

    La interpretación de este experimento se debe hacer sin llegar a conclusiones apresuradas o generalizadas. Los resultados que se obtienen de un grupo reducido de individuos no se pueden proyectar para explicar el comportamiento conflictivo de los latinoamericanos. Hay muchas dudas en el experimento que pueden tener origen en la región o país de quienes tomaron parte en el estudio y que solo se podrían esclarecer con un estudio que considere las respuestas de muchas más personas.

    Y aunque la conexión de nuestra lengua con nuestros conflictos es muy vaga y aventurada, o imposible de determinar cabalmente ¿cómo resistirse a mencionar algunos casos en los que las causalidades de hechos en Colombia se han atribuido de forma irresponsable, por no decir que irracionalmente, a personas inocentes?

    Falsos positivos han sido a atribuido a militares a quienes se les ha probado su responsabilidad, pero también hay muchos falsos positivos que no son. El cementerio de la Macarena, cerca de donde ‘Jojoy’ fue abatido, fue considerado como una fosa común de falsos positivos sin que se haya demostrado que el ejercito estuvo involucrado.

    Al coronel Plazas Vega se le acusa de desapariciones de personas que nadie vio, o que vieron testigos que nadie ha visto.

    Injusticias sociales se les atribuyen a los ricos por quienes buscan una guerra de clases para perpetuarse en el poder, como lo hace Chávez en Venezuela.

    Al poner la carga de la prueba en los dueños de la tierra, se les culpa implícitamente por despojar tierras que en muchos casos nunca fueron despojadas.

    Al parecer, en Colombia se ha aprovechado esta particularidad del español de no tender a distinguir quien causó ciertos hechos de nuestro conflicto para acusar a terceras personas o al Estado. Todo indica que ciertos individuos aprovechan para beneficio propio la tendencia a no asociar a alguien con algún efecto que nadie sabe como ocurrió, o que ocurrió sin premeditación. Y la justicia colombiana, en su forma escrita o interpretación, muy convenientemente usa esa indeterminación con propósitos oscuros.

    No se puede concluir que el lenguaje español por sí solo sea el causante de nuestra polarización, conflictos y cabezas calientes. Pero si se debe tener en cuenta como un factor muy sospechoso. Estudios sobre la asociación de la culpabilidad de un hecho por parte de personas que hablan español empiezan a emerger y coinciden con la realidad latinoamericana; esto refuerza una sospecha que tengo como hablante de dos lenguas e individuo inmerso en dos culturas que aprendió a expresarse de manera diferente para no herir susceptibilidades en personas que han sido expuestas a una sola cultura; que aprendió a no traducir chistes para no hacer el ridículo; que entiende el significado profundo de la expresión “lost in translation”; sospecha que inspiró mi anterior artículo “Un ojo morado de García Márquez simboliza los conflictos latinoamericanos” y sobre la cual me explayo en éste.