Los conflictos latinoamericanos no son circunstanciales. No se desarrollan del desprevenido acontecer imprevisible de las cosas. Latinoamérica no es una caja de metal con gases moviéndose y colisionando estocásticamente; hay mecanismos, vertientes e ideologías que se forman e inspiran en el extranjero. En nuestra región, todo tiene un pasado, un proceder y un futuro que aunque imprevisible lleva a algo que no sorprende. Colisiones de proporciones tectónicas en Latinoamérica, con excepción de las del cinturón de fuego del pacifico, ocurren en todos los ámbitos de nuestra cultura cuyo único factor común, y sospechoso, es el lenguaje español.

El golpe de Vargas Llosa a García Márquez es solo otro aspecto del mismo conflicto latinoamericano que nos enrolla y que no sorprende. El nivel de polarización de nuestros pueblos es simbolizado por la Foto tomada por Rodrigo Moya: Un ojo morado de un Nobel causado por otro Nobel en el país de un tercer Nobel; a Gabriel García Márquez le puso el ojo morado Mario Vargas Llosa en el país de Octavio Paz.

Ese ojo pasara a la historia como el símbolo de nuestros conflictos. Es un retrato no solo de García Márquez sino de nuestra realidad. Los motivos de la agresión son independientes de los aconteceres de la región, fueron confidencias reveladas por la esposa de Vargas Llosa a García Márquez, pero las supuestas motivaciones del agresor, y los motivos que a este le dio el agredido, muy seguramente fueron acentuadas por las asociaciones de los escritores con vertientes de la izquierda y la derecha latinoamericana.

Se ha dicho que Vargas Llosa se educó con una firme formación marxista que luego fue abandonando paulatinamente hasta separarse de esta doctrina completamente después del encarcelamiento de Heberto Padilla por la dictadura cubana. García Márquez nunca tomó semejante postura y se mantuvo fiel a sus ideas de izquierda.

La política ha merodeado a ambos novelistas de una forma u otra. García Márquez dijo que no quería ser presidente de Colombia por no pasar a la historia como el peor de todos los tiempos mientras mantuvo amistad con jefes de estado entre los que se incluyen dictadores como Fidel Castro. Vargas Llosa se lanzo como presidente y probablemente hubiese ganado si Fujimori no hubiese sido de ascendencia japonesa.

La asociación de García Márquez con la política ha sido pasiva y la de Vargas Llosa ha sido más activa. Este ultimo se dedica a la persuasión de quienes contrario a él no han podido, querido o intentado substituir sus ideas de izquierda por una comprensión más detallada del mundo, sus mercados y las libertades individuales con todas sus complejidades.

El hecho es que mientras uno reconoció sus debilidades en la política y se resigno a lo que primero aprendió sin aparentemente esforzarse por ver más allá, el otro, seguro de sus convicciones, trató de dar un salto arriesgado a un modelo más complejo del mundo como el de un escritor aficionado que cree puede ganarse la vida juntando palabras. Es de admirar, y contrastar, que Vargas Llosa trató mucho más de hacer algo por su país que García Márquez, e incluso por el país de este ultimo.

Nunca se sabrá si el Nobel se demoró en llegarle a Vargas Llosa por sus inclinaciones políticas. Lo cierto es que en ciertos círculos profesionales se desfavorece a quienes tienen posturas ideológicas de derecha. En especial en sectores dominados por la izquierda como Hollywood y el Comité del Premio Nobel.

La alegría por la obtención del merecido Nobel de Literatura por Mario Vargas Llosa me dejó con una pregunta: ¿Por qué el ganador del Nobel de Literatura colombiano es tan ausente de nuestra realidad? El país como siempre, y ahora que parece estar llegando a un punto de ebullición, esta convulsionado. La izquierda violenta ha sido relegada a la inconsecuencia de sus medios mientras la izquierda pacifica, e intransigente, no parece querer desimpregnarse de sus ideas anticuadas.

Mientras Vargas Llosa escribe artículos con la convicción de sus ideas en el diario El País, García Márquez atiende la boda del hijo de Carlos Slim. Mientras Vargas Llosa reta a Hugo Chávez a un debate, García Márquez nunca se atrevió a cuestionar públicamente a su amigo Fidel Castro. Esta dualidad de amistades (¿Son Slim y Castro polos opuestos?), elitismo capitalista, romanticismo revolucionario y ausencia de nuestra cruda realidad por parte de García Márquez me incomoda y sumaría mucho en mi decisión de romperle la cara si le calentase el oído a una amada mía (aunque nunca rompería sus libros).

¿Por qué casi siempre son las personas de izquierda quienes entran en razón y se dan cuenta de que tienen que desechar sus visiones políticas con la sabiduría ganada con los años, como Plinio Apuleyo Mendoza y Vargas Llosa? ¿Por qué esta conciencia es rara o nula en personas de derecha? ¿Son las posturas de izquierda una pubertad política de la que algunos nunca salen? ¿Por qué la derecha responde con ira y frustración como las rabietas de Uribe y los puños de Vargas Llosa? Estas dos últimas preguntas ejemplifican en su más simple expresión los conflictos políticos latinoamericanos. Bastante progresaríamos si dejásemos de lado las rabietas e ideas fracasadas de tiempos más simples y lejanos.

En cuanto a la sospecha del lenguaje español como generador de estos conflictos, publicaré algo al respecto la próxima semana.

Punto Aislado: La obra más reconocida de otro Nobel de literatura latinoamericano es El señor presidente, de Miguel Ángel Asturias. Una escalofriante historia con fondo político muy latinoamericano. La efervescencia y el calor de García Márquez y Vargas Llosa probablemente tenían precedente, o catalizador. ¿El que todos escriban en español es coincidencia, causa o consecuencia de eso?